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Idioma: Don Inodoro Pereyra ha quedado huérfano Un adiós a Roberto El Negro Fontanarrosa


7 de Septiembre de 2010

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Idioma

    Don Inodoro ha quedado huérfano

    Un adiós a Roberto "El Negro" Fontanarrosa
    Dora Stürber
La triste noticia que se intuía en los últimos tiempos se concretó el pasado jueves 19 de julio: murió "El Negro", Roberto Fontanarrosa. En un frío día de un muy frío invierno austral, y en la misma ciudad que lo vió nacer, Rosario, Argentina, a la que se sentía tan ligado que nunca aceptó irse lejos de allí, Fontanarrosa perdió su última batalla contra la cruel enfermedad que lo fue paralizando lentamente.
De su biografía pueden decirse muchas cosas, todas lindas, pero quizás el mejor homenaje que le podamos hacer es pensar que él y sus personajes nos hicieron a todos la vida mucho más divertida. Las reflexiones de Don Inodoro Pereyra, gaucho matrero por fuera y "almita de Dios" por dentro; de Mendieta, su inefable perro parlante, filósofo y conocedor de los hombres; la presencia imponente de su compañera Eulogia (la que "demuestra la belleza por el absurdo"); de Boogy "El aceitoso", remedo del agente secreto 007; sus cuentos, sus charlas, sus entrañables amigos, su pasión por el fútbol y por el club de sus amores, Rosario Central, y la cordialidad que parecía tratar de ocultar tras un rostro serio y hasta hosco que despistaba a quien lo trataba por primera vez, todo eso es la herencia que nos deja porque Fontanarrosa utilizó la mejor de las armas, el humor, para mostrar los rasgos más humanos.



El siguiente es el (atípico) discurso de cierre del III Congreso de la Lengua Española, pronunciado por "El Negro" el 20 de noviembre de 2004 en Rosario.
"LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS"

Yo le decía, a veces, a mi hijo —refiriéndome a su vestimenta—, que si él se toma su tiempo para la vestimenta y el peinado, en lo que más se tiene que fijar es en su manera de hablar porque creo que es lo mejor que lo muestra y que lo puede vestir y desvestir. Sigue teniendo prestigio, afortunadamente, hablar bien.
Estas palabras estaban destinadas, originariamente a ser dichas por Juan José Sáenz, lamentablemente, por razones de salud no lo puede hacer, debido a eso, si se quiere lamentable circunstancia, me propuso a mí estas palabras Víctor García de la Concha, de la presidencia del congreso. Me propuso decir unas palabras y como la organización de esto es tan precisa, tuvimos unas divergencias respecto a la duración de este…, iba a decir speech, pero creo que no es el ámbito adecuado el discurso porque mi modelo de orador es Fidel Castro, y yo por menos de 7 u 8 horas de discurso, ni siquiera me acerco a un micrófono. Pero en consideración a que hay mucha gente del exterior que querría estar con sus familias para estas fiestas vamos a hacer una cosa más acotada.
De repente se terminó el Congreso. Tengo la sensación, aparte de que es después de cuatro años —como los campeonatos de fútbol—, que uno lo estaba esperando, porque surge una expectativa enorme, se habla de ello, se hacen conjeturas, etc. etc. se prepara, se trabaja mucho y de repente, me veo intentando hacer unas palabras de cierre. También supone que hay que sacar conclusiones. Primera conclusión, muy simple: Concluyó el Congreso.
Hay una frase —siempre en los círculos literarios, las citas son elegantes y quedan bien—, hay una frase que dice: «Unidad es el equilibrio de las diversidades, uniformidad es la supresión de las diversidades». Confieso que la uniformidad me inquieta un poco, los latinoamericanos hemos tenido problemas con los uniformes. Nos preguntábamos desde hace mucho tiempo aquí en Rosario con real y legítima curiosidad: ¿Qué es un Congreso de la Lengua? ¿Para qué sirve un Congreso de la Lengua? Primero y elemental: para reunirnos, para estar acá.
Para Rosario, lo entiendo como rosarino, creo que es fundamental esta confirmación de ser una especie de polo cultural y por qué se han hecho cosas, se ha trabajado mucho para esto y no lo digo sólo a nivel oficial: cualquier negocio, cualquier kiosco se ha interesado por ponerse lindo, por embellecerse para recibir a los visitantes, no se ha hecho cosmética y aunque uno esté aquí en un escenario, tampoco se ha hecho escenografía; este teatro no es una instalación que hemos preparado y que apenas termine el Congreso lo tenemos que devolver a una metrópoli importante, este teatro es de acá, se quedará acá con aire acondicionado y todo y lo disfrutaremos después y porque me consta que las autoridades locales han hecho contacto a muy alto nivel, y cuando digo «a muy alto nivel» me refiero "a muy alto nivel" (y que esto quede entre nosotros) para conseguir cuatro días de sol espectacular y formidable. Posiblemente harán que, los invitados se lleven una idea errónea de lo que es el clima de nuestra ciudad.
También en palabras más bellas, lo dijo en algún momento Agustín Goytisolo en un hermoso poema que se llamaba «Palabras para Julia» y que cantó y musicalizó extraordinariamente Paco Ibáñez; eran consejos que daba Agustín Goytisolo a su hija y en un momento le dice: «No sé decirte nada más, pero tú debes comprender que yo aún estoy en el camino». Y es mi caso también.
Por último quisiera, simplemente, recordar un versito muy corto que yo escuchaba cuando era niño y adolescente; no es un verso que pertenezca al romancero español o que sea una de las piezas más importantes de la literatura de esta lengua, pero yo se la escuchaba decir como glosa a un cantante bastante popular de tango que se llama Alberto Castillo y que antes de iniciar sus actuaciones radiales decía algo más o menos así, que también me expresa: «Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy; hablo con su mismo verbo; canto: canto con su misma voz».
Muchas gracias.


Inodoro Pereyra



AMNISTÍA PARA LAS MALAS PALABRAS
Intervención de Roberto Fontanarrosa en el III Congreso de la Lengua

No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho—.

Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano). Se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado "escribano" para que se controle todo lo que se dice en ella.

Es un aporte real en cuanto al intercambio. Me ha tocado vivir, cuando he tenido que acompañar a la Selección Argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían "come gatos" que es, estrictamente para los rosarinos, "un rosarinismo".

Un Congreso de la Lengua es, más que todo, para plantearse preguntas. Yo, como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué? ¿Quién dice qué tienen las malas palabras? ¿O es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas? ¿Son malas porque son de mala calidad? ¿O sea que cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿O, cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?

Obviamente, no se quién las define como malas palabras. Tal vez sean (ellas) como esos villanos de viejas películas —como las que nosotros veíamos—, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros, al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas. Lo que yo pienso es que brindan otros matices, muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo; entonces: hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunas incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.

El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas, que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza, está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTudo.

Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere; entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba.

Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico.

En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos, se decía caracho; es de una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no?

A veces hay periódicos que ponen: "El senador Fulano de Tal envío a la m... a su par". La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua.

Voy a ir cerrando. Hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra "mierda", que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes—, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: mieLda, que suena a chino, y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, le quita posibilidades de expresividad.

Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso. Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.






¡Chau, Negro !

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