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La modernidad de César VallejoA 67 años de la muerte del gran poeta peruano
La siguiente nota es un extracto de la disertación sobre la personalidad literaria de César Vallejo, brindada por el profesor Dr. Hans-Otto Dill el 26 de junio de 2000 en el Instituto Iberoamericano de Berlín, evento llevado a cabo conjuntamente por el Foro de las Américas Berlín y el Consulado General del Perú.
El poeta peruano César Abraham Vallejo nació el 18 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, Departamento de La Libertad, y falleció en París el 15 de abril de 1938.
Para Hans-Otto Dill, Vallejo es el fundador -con Huidobro, Neruda, Borges, Lezama Lima, Paz- de la lírica latinoamericana moderna, el poeta más radicalmente vanguardista y complejo del siglo pasado.
Con él, la lírica latinoamericana alcanzó un altísimo nivel, elevándose a la altura del siglo XX con sus fantásticos logros en las ciencias, la tecnología, los transportes, la comunicación, la economía y el modo de vida. Independientemente, y al decir del profesor Dill, más magistralmente que los vanguardistas europeos de los años veinte, creó una obra que correspondía a los retos de su época: en sus versos a partir de 1922, año en que aparece su obra fundamental Trilce, ya se encuentran rasgos definitorios de la literatura mundial del siglo; con el surrealismo comparte el descubrimiento de la importancia de la niñez como el paraíso perdido para el desarrollo del hombre, expresando ternura familiar, pero también sexualidad, incesto y los complejos edipales, el in- y subconsciente del mundo infantil gracias al freudianismo que había hecho suyo Vallejo tempranamente, y que predominó después en toda la literatura occidental.
Más tarde, en los años 30, en el contexto de su militancia comunista, creó con su gran canto a la España antifranquista, España, aparta de mí este cáliz (1938), un tipo de poesía política muy novedosa, en conformidad con las grandes convulsiones políticas en el mundo de aquel entonces, poesía que se encuentra también en sus contemporáneos: Neruda, Paz, Aragón, Eluard, Brecht, pero que en Vallejo nunca degeneró en propaganda fácil del realismo socialista, sino que siempre mantuvo un núcleo humano y personal. Su poesía social está caracterizada por un fuerte sentido de justicia y responsabilidad, de solidaridad con los pobres, haciendo de éstos, tal vez por primera vez en las letras hispánicas, el sujeto de la poesía lírica.
|  Con el ceño adusto, una expresión habitual en César Vallejo | Unió su marxismo muy tierno, muy humano, muy antidogmático, con un cristianismo ético profundo y solidario, que se encuentra como moral y como fuente de metáforas en todas sus obras, de modo que algunos críticos ven en Vallejo un precursor poético de la teología de la liberación.
Este cholo peruano introdujo en la poesía hispanoamericana un auténtico indigenismo, que exalta los valores culturales e históricos del mundo prehispánico y que expresa, tal vez inconscientemente, la psicología y mentalidad del indio y del mestizo, su ternura, su sentido de la familia y de la colectividad, su tristeza fruto de una opresión secular, aunque logró éxito su militante novela indigenista Tungsteno, por su superficial propaganda antifeudal y anti imperialista.
Pero Vallejo no modernizó solamente los contenidos, sino más aún, las estructuras formales y el lenguaje poético. El profesor Dill mostró cómo se liberó en Los Heraldos Negros (1919) de un obsoleto modernismo rubendariano decimonónico en favor de una modernidad bien siglo XX por la destrucción de las formas y estrofas tradicionales, y, sobre todo, por la renovación total del lenguaje romántico-modernista literario y artificial, a favor de palabras quechuas, de un coloquialismo precursor del utilizado por Parra y Cardenal, de palabras muy cotidianas y de términos de medicina y de las ciencias, de neologismos, de onomatopoesía y cacofonía, jugando gustosamente con las palabras. Su poesía es expresión sincera de un hombre perseguido injustamente, encarcelado inocentemente, pobre y famélico. De ahí no sólo su afán de justicia, sino también su irrefrenable ímpetu de libertad, pero que no anhelaba solamente libertad personal y política, sino también absoluta libertad verbal y poética; liberación de la cárcel de una literatura y un lenguaje, una gramática y un diccionario de la Real Academía obsoleto, que había que destruir para construir el edificio de la moderna poesía latinoamericana. A pesar de ser expresión de un hombre torturado, entristecido, amargado e infeliz, su poesía ofrece al lector sensible un supremo goce estético, un verdadero placer de la lectura por su maestría poética, su dominio absoluto del lenguaje, su inteligencia muy despierta y un subyacente humor negro.
*El Dr. Hans Otto-Dill es Profesor Emérito de la Universidad Humboldt, de Berlín.
**Esta nota fue originalmente publicada en la revista Chasqui, Mensajero de Iberoamérica, de Berlín, en la edición de julio-agosto 2000, página 24.
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